
―Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que servirá para darle la gloria a Dios, Juan 11:4
Jesús amaba a su amigo Lázaro. De igual manera amaba a sus hermanas Marta y María.
Un día Lázaro enfermó y sus hermanas enviaron la noticia a Jesús diciendo: “Señor, he aquí el que amas está enfermo.” Juan 11:3
Al oír la noticia, Jesús no se escandalizó ni reaccionó apresuradamente, sino que se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
¡Parece que a Jesús no le importaba su amigo! Pero no, Jesús tiene el control de todas las cosas. Él no se deja llevar por emociones, y nadie determina lo que debe hacer, solo su Padre.
Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. (Juan 6:38)
Cuando Jesús llegó a Betania, le dijeron que Lázaro ya llevaba cuatro días en la tumba. V.17
Después de oír a sus hermanas y ver las lágrimas de dolor, Jesús dio la orden: ¡Lázaro ven fuera!
Lázaro fue resucitado, y la fe de los discípulos, la de Marta y la de María fue fortalecida.
La enfermedad y toda situación difícil prueba nuestra fe. Porque nuestra fe, mucho más preciosa que el oro, se prueba con fuego, para que sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, 1 Pedro 1:7
Oremos:
Padre, enséñame a ver las pruebas como necesarias,
A nunca cuestionarte pensando que te vas a tardar.
Que, aunque la situación sea totalmente contraria,
Me mantenga firme creyendo que me vas a ayudar.
Que la prueba de la enfermedad afirme mi fe,
Y crea en tu poderosa intervención oportuna.
Nunca me dejaras, ni me abandonarás, ¡Lo sé!
De esta tú me levantas, no tengo duda alguna.
